Yetushenko, el poeta que denunció la matanza de judíos en Babi Yar

Ayer falleció Y. Yetushenko, poeta soviético cuya voz se alzó contra Stalin y denunció en verso la matanza de judíos de Kiev por los nazis.

800px-EvtushenkoYetushenko, nacido en julio de 1932, era un niño cuando ocurrió lo de Babi Yar. Pero era un niño deportado a Siberia. Regresó a Moscú con su madre en 1944.

El poema de Babi Yar lo escribió y publicó en 1961, una  vez  expulsado del Instituto de Literatura Maxim Gorky y convertido en uno de los ídolos literarios de la Epoca del Deshielo, perteneciendo a la Generación de los Estadios (cuando los versos inundaban estadios en recitales multutidinarios)

 

 

Babi Yar: un barranco  a las afueras  de Kiev, capital de Ukraina.  Septiembre de 1941. Más de 35.000 judíos son asesinados durante dos días a manos de los monstruos del nazismo.

Yevtushenko dijo que escribió el poema después de visitar el sitio de los asesinatos en masa en Kiev, Ucrania, en busca de algo que mostrara lo que sucedió allí —una señal, una lápida, algún tipo de indicador histórico, pero no encontró nada.

“Estaba tan sorprendido. Me sorprendió mucho que la gente no lo recordara”

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I

No existe monumento en Babi Yar;
sólo la agria ladera. Y tengo miedo.
Hoy me siento un judío en el desierto
que de Egipto escapó. Me crucifican
y mis manos conservan los estigmas.
Me parece ser Dreyfus, condenado,
al que juzgan, escupen, encarcelan;
pero de pie resiste la calumnia
y el grito filisteo. Con la punta
de sus sombrillas en mi rostro vejan
mi indefensión mujeres que se acercan
con vestidos de encaje de Bruselas.

O también soy un niño en Bielostok.
De pronto estalla el pogromo.
La sangre derramada cubre el suelo.
Los que huelen a vodka y a cebolla
salen de la taberna y gritan todos:

“Mata judíos: salvarás a Rusia”.
Un tendero se ensaña con mi madre.
Otro hombre me patea. En vano rezo
plegarias que se pierden en la nada.

Me siento dentro
de la piel de Anna Frank que es transparente
como un ramo de abril.
No hacen falta palabras. Siento amor
y sólo necesito que uno a otra
nos miremos de frente.
Separados del cielo y el follaje.

Solamente podemos abrazarnos
en este cuarto a oscuras.
Quiero besarte una vez más, acércate.
Ya vienen. Nada temas: el rumor
es de la primavera que se anuncia
y del témpano roto en el deshielo.

Y en torno a Babi Yar suena la hierba
que ha crecido salvaje desde entonces.
Los árboles nos juzgan. Todo grita
pero el grito está hecho de silencio.
Al descubrirme observo mi cabello.
También ha encanecido. También grito
por los miles de muertos inocentes
masacrados aquí. En cada anciano
y en cada niño al que mataron muero.

Pueblo ruso, mi pueblo: te conozco.
Tú no odias ni razas ni naciones.
Manos viles trataron de infamarte
al usurpar tu nombre y al llamarse
“Unión del Pueblo Ruso”.* No perdono.
Que La Internacional llene los aires
cuando el último
antisemita yazga bajo la tierra.
No soy judío. Como si lo fuera,
me odian todos aquéllos.
Por su odio
soy y seré un verdadero ruso.

La sinfonía Nº 13 de de Dmitri Shostakóvich está basada en este poema.

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*La Unión del Pueblo Ruso fue el grupo antisemita que actuó en Rusia entre el asesinato del zarAlejandro II y el comienzo de la primera Guerra Mundial. Sus miembros organizaron pogromos-linchamientos de judíos rusos y destrucción y robo de sus propiedades- e, infiltrados en la policía secreta zarista, fabricaron los apócrifos Protocolos de los sabios de Sión.

Yetushenko, que vivía en Estados Unidos, falleció en la ciudad de Tulsa, víctima de cáncer. Descanse en paz.

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