Kafka, M. Brod, el Tribunal Supremo de Israel y la Biblioteca Nacional

El Tribunal Supremo de Israel, tras ocho años de proceso judicial , dictamina que los denominados “archivos de Max Brod” -que incluyen  manuscritos  de su amigo , F. Kafka- serán salvaguardados en  la Biblioteca Nacional de Israel.
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Brod & Kafka
Tras un kafkiano litigio de más de ocho años de duración, los papeles de Max Brod, custodiados en el apartamento telaviveño de Eva Hoffe (así como en ciertas cajas de seguridad de bancos internacionales e israelíes) serán transferidos y depositados en la Biblioteca Nacional de Israel. 
1902. Max Brod , que diserta sobre Schopenhauer en un pasillo de la Universidad de Praga, conoce a Franz Kafka, también allí estudiante. Se hicieron amigos y Brod, además se convirtió en su agente y editor. Pero en 1924, enfermo de tuberculosis, Kafka muere. Le ha pedido a Bord quemar todos sus manuscritos inéditos. Pero Brod no sólo no cumple esa última voluntad sino que recopila todos los manuscritos de Kafka y se los lleva consigo cuando en 1939 los nazis  estaban a la puerta de Praga. Y así llegaron a Tel Aviv, donde Brod muere en 1968. Su secretaria, Esther Hoffe,  haciendo caso omiso al deseo de Brod, que era donar los archivos a la Biblioteca Nacional,  subasta en Alemania parte de los manuscritos y dona otros a sus propias hijas para que hagan lo propio. Hasta que en 2009 muere la secretaria y empieza el juicio. “Durante años, cartas del legado de Brod aparecen en subastas en Europa. La identidad del vendedor, como es costumbre, no es revelada, pero las evidencias apuntan a Esther Hoffe”, asegura Ofer Aderet, el periodista de Haaretz que persigue el rastro de ese patrimonio cultural. Las últimas evidencias del desmembramiento: en 2006 se subasta una carta de Kafka a Brod por 60.000 euros; en 2008, cartas de amor del escritor checo se venden por 25.000 euros. La Ley de Archivos del Estado prohíbe el contrabando de documentos valiosos sin depositar previamente una copia. Hoffe y las autoridades israelíes llegaron a un acuerdo para fotocopiar el legado, pero la mujer nunca cumplió su compromiso y sólo una pequeña porción fue fotocopiada. También se las apañó para violar, en la década de los ochenta, el pacto que suscribió para traspasar el tesoro de Brod a la Biblioteca Nacional. Esther Hoffe se hizo rica. La joya más preciada de la herencia, el original de El proceso, reposa hoy en el Archivo de Literatura Alemana de Marbach. Batió el récord mundial del precio abonado en una puja por un manuscrito: Sotheby’s lo adjudicó por 1,98 millones de dólares (1,32 millones de euros) en 1998.

David Blumberg, presidente de la Biblioteca Nacional, dijo tras el fallo judicial que  “hoy  es un día de celebración para todo el mundo de la cultura internacional”, así como que la B.B hará todo lo posible por  exponer al público en general la  labor de Brod.


Entre los documentos se encuentran   un montón de cartas  manuscritas  de Kafka a Max Brod (dicen en los mentideros cultos que algunas son de contenido erótico)  así como  algunas obras inéditas de Kafka .

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Hoffe

 

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