Aparece en Jerusalén una obra perdida de Eurípides

Jerusalén, en cuanto a forma, es abrupta,   pero en cuanto a intelecto es poliédrica. Tal es así que muchos dicen que este sacro vórtex tricontinental sería el centro del mundo -el ónfalos de los jonios -los yevaním, en hebreo. Su grandeza , esencialmente monoteística, si bien reside eternamente en un sólo corazón, el de los judíos,  se multiplica hacia el mundo en gran parte por el crisitianismo, y hoy, como ayer, es el Patriarcado Griego Ortodoxo -su pontífice es el hombre más rico de Jerusalén-el artífice de una amplia empresa cultural que no hace sino engrandecer el carácter humanístico de esta ciudad.

La biblioteca más antigua del mundo -de las que perduran en uso- es greco-ortodoxa, pero no está en la Ciudad de David, sino en una presunta ubicación del Monte Sinaí (Monasterio de Santa Katerina, del S V. d.e.c.) No obstante, en Jerusalén, el Patriarcado dispone de una gran biblioteca y es allí donde hace unas semanas apareció, por obra y gracia del neozelandés Jean-Baptiste Piggin, un códice -el Codex Hierosolomitanus “Sancti Sepulchri 36” – que anteriormente sirvió para escribir  un gran fragmento de una obra perdida de Eurípides, “Palamedes”  El palimpsesto-nombre que se da al manuscrito que conserva huellas de una  escritura anterior en la misma superficie, pero borrada expresamente para dar lugar a la que ahora existe- consta de más de quinientas páginas y data del S XI. Está ya en posesión de Septuaginta Unternehmen, de la facultad de Ciencias Sociales de Gottingen, Alemania, en donde trabaja el mencionado Piggin, realizando una edición crítica de la traducción de la Septuaginta de la Torá.

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Palamedes, en la tradición mitológica griega, de tan suma importancia en el devenir de la civilización occidental, fue un héroe de la Guera de Troya, famoso por inventar el ajedrez  y los dados , o por dar forma al alfabeto griego -de influencia semita- Pero  es mayormente conocido  por ser el descubridor del engaño de Odiseo cuando  éte fingió estar loco para no ir a la guerra. En venganza, Odiseo falsificó una carta con el supuesto de que el rey de Troya,  Príamo, había propuesto a Palamedes traicionar a los griegos a cambio de oro. Odiseo escondió el oro en la tienda de Palamedes y éste acabó siendo lapidado hasta la muerte por el ejército griego. Nauplio, padre de Palamades,  vengó la muerte de su hijo haciendo perderse a la flota griega mediante señales falsas a la vuelta de Troya.

Eurípides, el tercer gran nombre de los dramaturgos trágicos de la Grecia clásica -junto Esquilo y Sófocles- escribió esta obra en el año 415 a.e.c. Murió -en circunstancias nunca aclaradas- despedazado por una jauría de perros en la corte de un rey macedónico que lo había acogido junto a un importante grupo de intelectuales.

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