Za´atar-Hisopo-y Ezov

Los Montes de Judea -y en especial, Jerusalén- rebosan de pequeños tesoros vegetales consagrados -el olivo, por ejemplo- y allí donde mires crecen -a veces entre los resquicios de las piedras herodianas del Kotel, como la alcaparra- los seres vivos que no hablan: las imponentes y majestuosas matas de jazmín embriagador en las noches de siroco y luna, o el perfume de las esbeltas espigas de lavanda cuando la última lluvia que anuncia  la fiesta de primavera….

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Y es entonces, para el incio de año de  Pésaj, cuando de entre todas las flores, plantas y hierbas que forman la melena leonina de Jerusalén, sobresale, entre todas, el za´atar, jade vegetal del Oriente Medio,  que vuelve a florecer en el otoño con el Año Nuevo Judío.

Como Jerusalén misma, el za´atar es un caleidoscopio de varias hierbas -todas buenas- donde se dan la mano el orégano y el tomillo con la otrora codiciada sal y las siempre benefactoras semillas de sésamo tostado, secreto estético de las putas sagradas de los templos de Babilonia y fuente de vigor viril para los legionarios de la gran ramera de Roma.

La historia conocida del za´atar  es tan profunda que sus raíces se agarran casi al origen del tiempo y  ya aparece residuos de esta hierba sobre la tumba de Tutanjamón. Plinio El Viejo dice que formaba parte de los ungüentos reales de los reyes partos. Y en la tradición hebrea, Saadia Gaón, en el S. X, Ibn Ezra en el S XI, o el mismísimo Maimónides, identifican el za`atar con el ezov bíblico de los rituales purificatorios del Templo de Salomón, en especial los sacrificios de las vacas rojas. Según el Exodo , los niños del Pueblo de Israel en Egipto usaron tallos de zaátar para mojarlos como brochas en la sangre de los corderos pascuales y señalar las casas hebreas antes de partir hacia la libertad. El Rey David cantaba sus gracias en los Salmos

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No obstante, el za átar ha estado , al menos en Judea,  a punto de la extinción -parte del za´atar que se vende en Israel viene importado desde Turquía, de la región  de Hatay Iskenderun (Antioquía, la de los amorreos ) en la frontera con Siria, que por ella porfía. Así que en 1977 las autoridades pertinentes, para proteger semejante reliquia natural,  declararon al za´atar especie protegida, cosa que para mayor entuerto, ni gusta ni entienden los palestinos,  que protestan por multas y requisamientos alegando que es una ley inventada para hacer sufrir.  Pero sigue siendo un placer acercarte al Kotel paseando a la hora del oro -el crepúsculo sobre la piedra de Jerusalén- mientras con tus dedos purísimos rompes una corona de pan -beigale- para mojar su miga en za´atar.

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